Las corrientes salvajes

20080814

La lucidez cuando se caga

Estos días me estoy llevando un libro de poesía de Ana Rossetti al baño, ya que me faltan las revistas que no se publican en agosto. Se titula Llenar Tu Nombre, creo que es el último de la poetisa, y me parece bien, todo el libro es una colección de reflexiones poetizadas sobre el acto de poetizar y el valor de lo poético. A veces resulta excesivamente exaltado, pero se entiende por lo ardoroso y menos por lo divino, cosa que gusta. Hasta cierto punto el librito resulta necesario, casi como "metapoesía". O como manual para lectores profanos y para aficionados periféricos. Dan hasta ganas de ponerse. Como cuando habla de que:
La luz es sobrecogedora. La luz lastima.
Es implacable como la muerte.
Aterradora como el destierro.
Penetrante como una bala.
Inconmovible. Inmisericorde.
Sin matices. Sin opciones. Sin retroceso.
Sin pactos ni anestesias.
Hay que defenderse de la luz.
Hay que poner reóstatos, pantallas, estores,
porque la luz nos mata.
O tener el valor de vivir
en un permanente y deslumbrado dolor.

20080729

Solitud

En tot cas, si la solitud és irresistible, no es pot negar que és barata. No hi ha cap avariciós que no sigui un solitari. No hi ha cap avariciós que no ho sigui també de sentiments i de paraules.

Banalitat

En un aspecte, el ressecament absolut és un mal afer, perquè condueix al mutisme. Conec persones de les quals em consta que començaren la vida essent molt enraonades, i que a mi ja no m’han dit pràcticament res. L’ideal deu consistir a arribar a un ressecament just –prou just perquè serveixi per a no oblidar que l’únic acte important de la vida és el de pagar i que la fórmula més agradable de la convivència humana és la banalitat –la conversa banal, banalíssima.
La relació banal és positiva i reposant, contribueix a mantenir-se en aquell punt de confusió mental que és indispensable per a tenir una bona salut i anar tirant en la vida. La banalitat es pot allargar o escurçar a voluntat. No es pot, em sembla, demanar més.

20080728

Tendresa

No hay televisiones en verano. El paisaje de la ciudad se ha vuelto brillante, hasta herir. Las mujeres recorren las calles de dos en dos, o de tres en tres, entrando y saliendo de las tiendas, disfrutando de los aires acondicionados. Esta falta de actividad resulta implacable. Creo que nunca he sentido igual el calor, como un peso en el alma. Prefiero mil veces el frío, a pesar de que siempre digo que me gusta sudar, que sudar es mi actividad favorita. Estos días empiezo a fijarme en los carros portabebés, que llaman también "carritos"; de los ancestros nos llega la marca Jane, pero hay muchas más que conservan la misma sabiduría en torno a la técnica de que el niño vaya cómodamente sentado o acostado. Comprobamos que todo es muy caro; como en todas la celebraciones, también en ésta todo el mundo pretende hacer el agosto, nunca mejor dicho. De vez en cuando, me dedico a cocinar.
Quan l’experiència de la vida és curta, confusa i contradictòria –aquest és el meu cas–, és una literal pedanteria, per més dolorosa que sigui l’experiència, posar d’home que torna de tot, completament empedreït. Observo amb horror que tot em porta al ressecament i a la indiferència, però seria un farsant si afirmava que he arribat al capdavall de tot. Potser, àdhuc en els casos pitjors, queda sempre un racó de tendresa autèntica. En aquest país, el que endureix més els sentiments és l’educació –o sigui el sentit del ridícul que l’educació ens obliga sempre a tenir.
Alguien ha tenido la feliz iniciativa de colgar paulatinamente en la red el Quadern Gris, de Pla, como si el propio Pla lo estuviese escribiendo "al cap de noranta anys" en forma de blog.

20080708

Si la luz no tiene edad

Si la luz no tiene edad, el tiempo no tiene sombra.

20080701

Tiqqun

Tiqqun parte de la evidencia de la catástrofe, del mundo como catástrofe. Ante ella, dicen, están los que se indignan y los que toman nota, los que denuncian y los que se organizan. Tiqqun está al lado de los que se organizan.
La catástrofe específica de la situación en la que vivimos se llama “guerra civil mundial”, donde nada es capaz de limitar el enfrentamiento de las fuerzas presentes. Ni siquiera el derecho, que entra en juego como otra forma del enfrentamiento generalizado.
La “guerra civil mundial” tiene un estrecho vínculo con la hegemonía del “liberalismo existencial”, es decir, el hecho de que se admita como natural una relación con el mundo fundada sobre la idea de que cada cual tiene su vida. Que ésta consiste en una serie de elecciones, buenas o malas. Que cada uno se define por una serie de cualidades, de propiedades que hacen de él un ser único e irrepetible. Que el contrato resume adecuadamente el compromiso de los seres unos con otros, y el respeto, toda virtud. Que el lenguaje no es más que un medio para hacerse entender. Que el mundo está compuesto de cosas a gestionar y de un océano de yo-yo.
En este mundo, todos hemos sido educados como supervivientes, como máquinas de supervivencia. Hemos sido formados en la idea de que la vida consiste en marchar, marchar en medio del hundimiento de otros cuerpos que marchan idénticamente, tropiezan y luego se hunden a su vez, en la indiferencia. La novedad hoy es que esto se sabe.
De alguna manera, la política (de izquierdas o alternativa o autónoma) está contaminada por el liberalismo existencial: se fetichiza la forma organizativa (asamblea, etc.) donde los individuos se reunen, abstracción hecha de los mundos de cada uno -de las redes de cosas, de hábitos, de fetiches, de afectos, de lugares y de solidaridades que conforman el mundo sensible y le dan consistencia. Como ponemos todo esto entre paréntesis cuando hacemos política, todo lo que nos aferra a la vida, negándonos a asumirlo colectivamente, siempre llega el día del agotamiento y el fin de la movilización, donde cada cual se reencuentra (felizmente, aunque no se admita) con sus hábitos abandonados, con las pasiones cruciales, todo ello bajo el infecto signo de lo privado.
Es el problema del activista. El activista se moviliza contra la catástrofe, pero en el fondo no hace más que prolongarla. Sus prisas vienen a consumir el poco mundo que queda. Olvida cuál es la naturaleza de la urgencia que nos atraviesa como origen de nuestro compromiso. El activista quiere estar en todos sitios. Habla de “la gente”, de los parados, de los sin-papeles, de los huelguistas y de las prostitutas, pero sin ponerse él mismo nunca realmente en juego. Se mueve, aporta su creatividad pragmática, su energía festiva. Pero nunca se da los medios para pensar cómo hacer, como bloquear el avance de la catástrofe, cómo establecer mundos habitables. Y la verdadera legitimidad pertenece a quien piensa sus gestos, a quien sabe lo que hace y porqué lo hace, a quien dobla el acontecimiento en el orden del gesto con el acontecimiento en el orden del lenguaje, quien establece un lazo intenso entre lo que vive y lo que piensa.
¿Qué significa, pues, organizarse para Tiqqun? En primer lugar: partir de la situación, no recusarla (en nombre de un pasado idealizado o del porvenir). Tomar partido en su seno. Tejer ahí las solidaridades necesarias: materiales, afectivas, políticas. Inventar prácticas habitables para cuerpos con mundo, organizarnos según nuestras necesidades: amar, dormir, pensar, estudiar, reposar, etc.
Por ejemplo, los centros sociales (la gente de Tiqqun ha vivido en okupas francesas e italianas). En las okupaciones, se cuida colectivamente la supervivencia elemental, mediante el trabajo en grupo, los robos, las comidas comunales, la puesta en común de técnicas, materiales, saberes, inclinaciones amorosas, la fiesta, etc. Las intensidades emotivas vividas en común quiebran las rigideces del individuo, su autarquía afectiva. Se constituyen lenguajes y sintaxis comunes, nuevos medios de comunicación, una cultura autónoma que trata de arrancar la transmisión de experiencia de las manos del Estado. Durante un tiempo, todas esas prácticas conviven con la lucha política: acción directa, sabotaje, manis, etc. Pero pronto se escinde existencia y política, los valores dominantes marcan la experiencia de las okupaciones: valorización personal, competencia, liberalismo sórdido en la vida afectiva, necesidad de territorio, escisión entre vida cotidiana y política, paranoias identitarias.
La alternativa es: o gueto (hegemonía del plano existencial) o ejército (hegemonía del plano político). La única forma de escapar a esta alternativa es la “máquina de guerra”, la construcción permanente del lazo entre vida y política, la configuración política de una estrategia. No existe LA comunidad, existe el hecho comunitario, que circula.
¿Quién se organiza, quién hace política? Tiqqun escapa voluntariamente de la identificación de un sujeto político con una clase social dada, con un segmento de la sociedad (cognitariado, excluidos). Y para escapar a la dialéctica que plantea un antagonismo interior a una totalidad escindida (clase contra clase), vuelven a la reflexión de Foucault sobre la plebe, a la reflexión de Marcuse sobre los desclasados, a la reflexión de Bataille sobre la sociedad heterogénea. No hay identidad o sujeto revolucionario: es un oxímoron. Se trata de devenir cualquiera, devenir imperceptible, des-subjetivarse. Tiqqun llama a la secesión de cada uno con respecto a su papel (jóvenes, obreros, mujeres, víctimas), a un movimiento de deserción interior con respecto a las identidades impuestas. Desertar significa crear otra cosa. Autonomía es un movimiento de separ/acción. Federar esas deserciones interiores en un plano de consistencia es la tarea. Sin totalizar ni unificar. A la multiplicidad de prácticas que agujerean el Imperio (a veces dicen Espectáculo, a veces Biopoder) Tiqqun las llama el Partido Imaginario. Tiqqun es la fracción consciente de ese Partido.
Cuando capitalismo y vida se funden la huelga tradicional ya no tiene sentido. Viene el tiempo de la huelga humana, donde en primer lugar dejamos de ser lo que debemos ser, nos vinculamos más allá de las identidades pre-existentes y hacemos saltar por los aires todo el universo de lo previsible, los límites del yo (las fronteras que ponemos en torno a nosotros para que no pase nada). Serán precisamente los que no trabajan quienes inventen las formas de la huelga humana.
En este sentido, analizan detenidamente el ejemplo de las luchas autónomas en Italia en 1977. El peligro es afrontar al Imperio en tanto que sujeto, colectivo y revolucionario: firmar los actos de guerra, separarse del tejido ético del movimiento (fuerza material común: radios libres, fiestas contraculturales, centros sociales). El caso que citan son las Brigadas Rojas. Pero no las BR de Curcio (guerrilla anónima), sino las de Moretti (estalinianas). Otro peligro es identificar al sujeto revolucionario (aquí hacen la crítica de Negri), ceder a la tentación sociológica del concepto de composición de clase, burocratizar el concepto mismo de autonomía, hacer de los movimientos UN movimiento, etc.
El caso italiano les permite analizar también las nuevas formas de represión, contrarrevolución, excepción: como el enemigo a partir de ahora es difuso e invisible, se trata de controlar permanentemente a toda la población (manipulación social de afectos, tortura blanca, guerra psicológica, infiltración, represión terapeútica, etc.). El Imperio gestiona la guerra civil. No es un sujeto que se nos opone, sino un medio hostil en el que nos desenvolvemos.

Tomado de Cuaderno de Resistencia, que lo toma a su vez de Mesetas.net.

20080624

Antiexistencialismo

Esta existencia que al final trascurre para todos nosotros sin un resultado, esta fútil misericordia que va del nacimiento a un entierro decente, pasando por la boda, esta vida, concepto por el cual todos entienden exactamente lo contrario de lo que el otro quiere hacerle creer, ¿no es un enemigo invisible que desea ser descubierto en lugar de vencido? Del libro de Martin Kessel, El Fiasco del Señor Brecher.

El fiasco

Las mejores respuestas se encuentran sólo al día siguiente, siempre cuando ya es demasiado tarde. Después nos llegan solitas, se ofrecen. En el momento en que se necesitan, lo que hay en su lugar es un agujero.

20080609

John le Carré

John le Carré había hablado hacía un rato por la radio de su desesperación. Irak. Israel. Estados unidos. nosotros. Tal vez eso era lo que me retenía en la cama: habló de que era mucho más viejo y las cosas estaban igual o peor, y de la convicción ahora ineludible que tenemos hoy día de que no mejorarán. Habla de Israel y de Estados Unidos, pero tal vez siempre habrá un Israel y un Estados Unidos, y llega un momento en la vida de toda la gente sin una fe metafísica ni política en que hay que lidiar con la no improbabilidad del mundo. La desesperación es algo natural del envejecimiento. una sublimación de nuestra propia muerte que se aproxima. Probablemente. Aunque me inclino a creer que el estado del mundo es más grave que la muerte individual. Por otra parte, yo ya me desesperaba cuando era más joven. Muy joven. Si la depresión es algo a lo que tiendo, entonces he tendido a ella desde que tengo memoria. Jenny Diski dixit.

20080527

En el pozo

Toda vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años.
Lo dijo Juan José Saer. Toda obra ha de mirar ahí, digo yo.

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